“El contrato social del siglo XVIII nos ha hecho más ecuánimes, más libres, más dignos y más éticos. Un nuevo contrato social natural, civil e inteligente nos abrirá la vía a algo, para mí, indefinible. Deseo se parte de construcción”. (José Ignacio Latorre: Un nuevo Contrato Social).
El objetivo de esta búsqueda, con evidencias empíricas, es observar cómo en los diez países, rastreados al azar, los expresidentes no tienen tanta incidencia visible, mediática, todas las semanas y hasta días, en la política, como en nuestro país. En República Dominicana, en los últimos 30 años, solo tenemos tres expresidentes vivos, en cambio, en otros países, en ese lapso de tiempo, han tenido hasta ocho. Pero, lo más importante es que la mayoría están haciendo otras tareas en sus sociedades, que no tienen que ver necesariamente con su incidencia política partidaria. En otras palabras, nuestros expresidentes no han asumido ni siquiera como ex, el rol de estadista.
Veamos los países y sus respectivos expresidentes:
| País | Expresidente/s |
| Estados Unidos | Bill Clinton, George W. Bush, Barack Obama, Joe Biden |
| España | Felipe González Márquez, José María Aznar López, José Luis Rodríguez Zapatero, Mariano Rajoy |
| Argentina | María Estela Martínez de Perón, Adolfo Rodríguez Saá, Eduardo Duhalde, Cristina Fernández, Mauricio Macri |
| México | Carlos Salinas de Gortari, Ernesto Zedillo, Vicente Fox, Felipe Calderón, Enrique Peña Nieto, Manuel López Obrador (AMLO) |
| Brasil | José Sarney, Fernando Collor de Melo, Fernando Henrique Cardoso, Michel Temer, Dilma Rousseff, Jair Bolsonaro |
| Costa Rica | Rafael Ángel Calderón, José María Figueres, Miguel Ángel Rodríguez, Abel Pacheco, Oscar Arias Sánchez, Laura Chinchilla, Luis Guillermo Solís, Carlos Alvarado Quezada, Rodrigo Chávez Robles |
| Colombia | Cesar Gaviria, Ernesto Samper, Andrés Pastrano, Álvaro Uribe, Juan Manuel Santos, Gustavo Petro, Iván Duke |
| Panamá | Arístides Royo, Ricardo de la Espriella, Nicolás Ardito Barletta, Francisco Rodríguez, Ernesto Pérez Balladares, Martin Torrijos, Mireya Moscoso, Ricardo Martinelli, Juan Carlos Varela, Laurentino Cortizo |
| Chile | Eduardo Frei, Ricardo Lagos, Michelle Bachelet, Gabriel Boric |
| El Salvador | Alfredo Cristiani, Elías Antonio Saca González, Salvador Sánchez G. |
En Colombia, de siete presidentes solo dos han vuelto un periodo más. En Costa Rica, de nueve presidentes solo uno volvió al poder: Oscar Arias. Podía volver, lo propusieron, lo rechazó. En Panamá, de diez expresidentes, ninguno ha vuelto a dirigir el destino de la sociedad panameña. En Chile, un presidente puede volver después de un periodo. Michelle y Piñeira volvieron una sola vez y dijeron que nunca jamás.
Estamos en presencia de una policrisis como nos afirmara el Foro Económico Global en 2024, a ello se suma la enorme incertidumbre y volatilidad que nos encierra como planeta. Como nos dice Manuel Castells en su más reciente libro Testimonio viviendo Historia… “También pude entender mejor que los caminos del cambio social no pasan por el Estado si antes no están sembrados en la conciencia de las personas. La máquina del Estado, gestada a lo largo de siglos de dominación, no se adapta fácilmente a la puesta en cuestión de los intereses de quienes lo hicieron su dominio desde siempre…”. Una nueva visión, un nuevo paradigma, tenemos que hacer emerger para que la circulación de la elite política en nuestra sociedad sea más sistemática y proyectada hacia el futuro.
¿Qué explica que nuestro país en 30 años solo tenga tres expresidentes? ¿Qué ha pasado en el corpus de la partitocracia dominicana? ¿Qué implica al interior de las organizaciones partidarias la longevidad de los actores políticos al interior de estas instituciones?
Consideramos que los actores políticos contemporáneos han seguido los cauces de las elites políticas de siglos anteriores. Han querido seguir trillando el personalismo y el caudillismo en la política dominicana, aun en el Siglo XXI, lo cual repercute de manera negativa en la movilidad del talento político y, en consecuencia, en la sana rotación del personal en la cúpula partidaria.
Los hacedores de opinión pública, los que pretenden incidir con sus ideas, con su pensamiento en la vida pública, tienen que trabajar con las evidencias empíricas, con los elementos fácticos para tratar de entender la realidad política social de nuestra formación social. La longevidad política, en la actualidad, de los actores políticos no ayuda a la sociedad política institucional, pues sabemos que el personalismo es la negación, en la praxis, del desarrollo político-institucional.
La sociedad debe asumir como norte trocar, trastocar la larga trayectoria de los actores políticos, la creación perpetua de políticos profesionales que viven de la política y no para la política. Rupturar la concepción asumida por la partidocracia de que la política es una PROFESION. No lo es. Ella es pasión, emoción, ciencia y arte, cuya esencia medular es la enorme sensibilidad social para entrar en las honduras de su país, para crear políticas públicas que coadyuven a una sociedad con más equidad, con menos desigualdad, con más progreso inclusivo y mejor crecimiento con mayor cohesión social.
En esta ola de innovaciones iconoclásticas, cuando la Inteligencia Artificial irrumpe con pavorosa magnitud, tenemos que construir el equilibrio de la confianza, de la capacidad de gestionar la diversidad, la responsabilidad, la transparencia, lo vital de lo visible para incrementar no solo la trazabilidad de lo institucional, de lo público. Como nos dice José Ignacio Latorre “Constanza no busca ganar disputas. ¿Para qué? La atávica necesidad de superar a nuestros enemigos no ha sido implementada en su código. Constanza es, a todos los efectos, una IA entrenada como ser benigno, afín a los ideales de la creatividad tolerancia y honestidad. Quiere que yo me sienta igual, pero no se aturde en los vericuetos de mi mente”.
Necesitamos, como sociedad, elevar la confianza, la credibilidad y la calidad reputacional Somos, sin quizás, el único país del mundo que tres expresidentes están todos los días en los medios como si la sociedad no cambiara. Por ello, la enorme desafección, abulia, desidia por los partidos políticos, donde hoy constituye la institución menos valorada en la percepción de los dominicanos. ¡El desafío es trascender esa práctica nociva para el desarrollo institucional y la significación de la gobernabilidad!










