Despedimos el 2025 (que no fue el mejor año del mundo). Avanzamos y reculamos en esa constante nacional en la que una élite política se niega a los cambios.
Si me dieran la oportunidad de nombrar lo calificaría de “Año de la hipocresía” porque la doble moral de esta sociedad se impuso sobre los sueños del país mejor.
Pero como siempre avanzamos y aunque hay quienes no se dan cuenta superamos uno que otro lastre.
Soy una optimista empedernida y hace mucho tiempo que deje de preocuparme para ocuparme.
En el 2026 hay que renovar la vigilancia social como hay que renovar los amores y los afectos.
El país está desmovilizado pero todos los amores tienen tiempos de frialdad y luego algo le calienta.
Espero un calentoncito en enero.
Que todos y todas nos abracemos (los buenos que los malos siempre andan juntos)
Altagracia Salazar





