Los therians y la animalidad humana en la era de la crisis de identidad

La animalidad ha sido un recurso simbólico para comprender mejor lo humano, no para reemplazarlo. Cuando esta distinción se debilita, lo que se pierde no es solo un matiz cultural, sino una de las claves interpretativas más antiguas de la experiencia humana.

El creciente interés por los llamados therians, personas que afirman identificarse con animales, no debería despacharse con burla fácil ni con fascinación acrítica. Precisamente porque el fenómeno llama la atención es necesario leerlo con mayor profundidad. No estamos ante una simple curiosidad subcultural, sino ante un síntoma que ilumina la crisis de autocomprensión del sujeto contemporáneo.

Desde el punto de vista biológico, la continuidad entre el ser humano y el mundo animal es incuestionable. Compartimos estructuras genéticas, sistemas de supervivencia, circuitos emocionales básicos y vulnerabilidad frente a la enfermedad y la muerte. La animalidad no es una metáfora que deba incomodarnos, es un dato constitutivo de nuestra condición. Existe entre los seres humanos y muchos animales una innegable semejanza cromática, biológica y vital. Compartimos necesidades básicas y la experiencia inevitable de la finitud. No somos una realidad totalmente separada del resto de la vida.

Pero precisamente por eso conviene ser rigurosos. Reconocer la continuidad biológica no equivale a disolver la especificidad humana en construcciones de identidades subjetivas. Y aquí aparece el punto crítico del fenómeno therian. No porque deba ser caricaturizado, sino porque revela una tendencia cultural más amplia a convertir la identidad en un territorio completamente maleable, desligado de anclajes compartidos.

En múltiples ocasiones he escrito sobre las dualidades que habitan al ser humano, sobre la coexistencia de mundos interiores que a veces se contradicen y se disputan el sentido de lo que somos. En efecto, el ser humano ha vivido desde sus orígenes en una tensión permanente entre la identidad objetiva y la identidad subjetiva. Por un lado, existe una realidad biológica, corporal y relacional que nos sitúa en el mundo con límites y pertenencias compartidas. Por otro, está la autopercepción, siempre dinámica, simbólica y atravesada por la cultura, el deseo y la experiencia personal.

Esta brecha no es nueva; forma parte de la condición humana desde que el Homo sapiens desarrolló autoconciencia. Lo que distingue a nuestra época no es la existencia de esa tensión, sino su radicalización, amplificada por entornos culturales y tecnológicos que incentivan la reinvención permanente del yo y debilitan los marcos comunes de referencia.

Cuando la identidad subjetiva pretende emanciparse por completo de todo anclaje objetivo, el yo corre el riesgo de perder suelo antropológico; pero cuando la identidad objetiva se impone negando la complejidad de la experiencia vivida, se empobrece la comprensión de lo humano. La madurez cultural consiste, precisamente, en habitar creativamente esa tensión sin negarla ni absolutizar ninguno de sus polos.

Siempre he creído que el ser humano teme descubrir su propia animalidad. Ese temor es comprensible. Nos recuerda nuestros límites y nuestra vulnerabilidad corporal. Sin embargo, la respuesta no puede ser la fuga hacia formas de autofiguración que terminan desplazando la condición humana en lugar de comprenderla mejor.

El therianismo, leído críticamente, no expresa un retorno sereno al realismo biológico. Expresa más bien la dificultad creciente de algunos sectores para habitar con estabilidad la propia identidad humana. Cuando el yo contemporáneo se percibe como indefinido y las pertenencias simbólicas se debilitan, comienzan a proliferar narrativas de reidentificación que buscan llenar ese vacío.

No es casual que este fenómeno se observe con mayor visibilidad en segmentos juveniles y jóvenes adultos de sociedades altamente urbanizadas, digitalizadas y culturalmente fluidas. Se trata, en muchos casos, de entornos donde la socialización ocurre de manera intensa a través de comunidades virtuales, subculturas en línea y espacios de autoexpresión identitaria. También aparece con más frecuencia en contextos donde las trayectorias vitales tradicionales —familia, comunidad territorial, pertenencias estables— se han vuelto más frágiles o difusas.

Este dato sociológico es clave. No estamos ante un retorno orgánico a la naturaleza, como podría ocurrir en comunidades con fuerte vínculo ecológico, sino ante una construcción identitaria que emerge, paradójicamente, en contextos de alta mediación tecnológica y cultural. El fenómeno dice tanto del ecosistema social que lo produce como de quienes lo encarnan.

Yuval Noah Harari ha advertido que el siglo XXI abre la puerta a una profunda reingeniería de lo humano, donde las fronteras entre lo biológico, lo tecnológico y lo narrativo se vuelven porosas. En ese clima cultural, la identidad corre el riesgo de concebirse como un proyecto enteramente moldeable. El fenómeno therian aparece, en pequeña escala, como una expresión de ese imaginario.

De Bernardo Matías

Antropólogo Social

bermatias@gmail.com

Bernardo Matías es antropólogo social y cultural, Master en Gestión Pública y estudios especializados en filosofía. Durante 15 años ha estado vinculado al proceso de reformas del sector salud. Alta experiencia en el desarrollo e implementación de iniciativas dirigidas a reformar y descentralizar el Estado y los gobiernos locales. Comprometido en los movimientos sociales de los barrios. Profesor de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra, la Universidad Autónoma de Santo Domingo –UASD- y de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales –FLACSO-. Educador popular, escritor, educador y conferencista nacional e internacional. Nació en el municipio de Castañuelas, provincia Monte Cristi.

Últimas noticias

Plataforma Dominican@s por Derecho demanda garantizar proceso de cedulación inclusiva

Organizaciones de la sociedad civil aglutinadas en la plataforma...

INEFI impulsa formación docente con jornada especializada en inclusión y gimnasia

Santo Domingo.- El Instituto Nacional de Educación Física (INEFI)...

Populares

spot_img
spot_img

Otras noticias

Otras noticias

spot_imgspot_img