El periódico HOY bajo el título “Envejecimiento de la población RD afectará la Seguridad Social” el acucioso periodista Odalís Mejía presenta una síntesis de un informe de la Oficina Nacional de Estadística (ONE) sobre la tendencia demográfica, cuyo contenido estamos obligados a analizar y tomar en cuenta en nuestra formulación de las políticas públicas para el resto del presente siglo.

“La población de 60 años o mas pasó del 4.4% en 1950 al 13.2% en el 2022, previéndose un 20% para el 2050. La tendencia general es que en unas décadas los envejecientes superarán a los menores de 5 años”, como está ocurriendo a Europa y en muchas de las naciones más desarrolladas.

“Lo anterior implica que en la medida que disminuye la población joven adulta en edad de trabajar y que aumenta el número de adultos mayores, el sistema de seguridad social enfrentará una presión creciente puesto que cada vez habrá menos personas en edad de trabajar que coticen al sistema, y más personas jubiladas que dependen de esos aportes; este desequilibrio compromete la capacidad del sistema para financiar adecuadamente las pensiones futuras”.

En consecuencia, el estudio destaca dos grandes desafíos para el SDSS: 1) menos trabajadores activos y más personas jubiladas, que ejercerán mayores presiones sobre los fondos de pensiones; y 2) aumento del gasto en salud y el cuidado de más envejecientes que demandan más servicios cada vez más costosos.

Estos resultados confirman nuestra continúa insistencia sobre el creciente riesgo de los sistemas públicos de reparto ante el avance incontenible de la longevidad; un sistema deficitario que se sostiene utilizando los aportes de los activos para pagar las pensiones de los pasivos. Obviamente, el mayor crecimiento de éstos últimos en relación a los primeros, tiende a agudizar el desequilibrio financiero y actuarial con que fueron diseñados los sistemas de reparto.

Estos resultados confirman nuestra afirmación de que también impactarán al sistema de capitalización individual, pero de una mena muy diferente. El aumento de la esperanza de vida del pensionado promedio ya obliga y seguirá obligando a elevar el porcentaje de aporte y a extender los años de cotización. Esta lógica es desoída porque los políticos no quieren pagar el precio político de dar las malas noticias, ni renunciar a la demagogia y a la politiquería. Pero este sistema no será afectado estructuralmente, sino todo lo contrario, porque los sistemas públicos de reparto tendrán que ir evolucionando a modelos de mayor correspondencia entre el porcentaje de aporte y la tasa promedio de reemplazo y entre los años de aporte y los años de pensión.

Imagínense lo absurdo y desfazadas de las propuestas sometidas a la Comisión Bicameral que pretende entregar pensiones del 70% con sólo 20 años de cotización a los 60 años cuando la esperanza de vida estará cercana a los 80 años. Es como lanzarse a alta mar en una embarcación pequeña en medio de un huracán.

El lo que respecta a los sistemas de salud, también el reto será mayor ya que, contrario a otras áreas de la revolución tecnológica, los avances científicos en la medicina tienden a ser cada vez más complejos y costosos. Esta afirmación podría variar en décadas con la inteligencia artificial, por ejemplo, cuando se logre curar el cáncer, el Alzheimer, el párkinson, la demencia y los accidentes de tránsito, entre otros. Que opinen los expertos.

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