“En esta década decidimos ir a la luna y hacer esas otras cosas, no porque fueran sencillas, sino porque eran difíciles. Porque ese objetivo nos servirá para organizar y medir lo mejor en cuanto a nuestra energía y habilidades”. (John F. Kennedy, expresidente EE.UU.)
Carolina Redondo y Nathalie Alvarado, representantes del Banco Mundial (BM) y del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), respectivamente, dictaron en el mismo espacio y en el mismo escenario dos exposiciones donde señalarían “¿Cómo crecerá República Dominicana? BM, y, Alvarado: Retos en productividad, talento, energía”. Nunca había visto dos conferencias, cuasi simultáneamente, que abordaran en un 99%, simétricamente, los problemas y oportunidades que tiene la sociedad dominicana. Somos, sin quizás, el país más diagnosticado. Empero, la partitocracia nuestra, a lo largo de los últimos 26 años, ha condesando su propia agenda.
“El crecimiento se va a dar, el crecimiento de República Dominicana es constante. Pero no es eso lo que tenemos que medir, lo que tenemos que medir es como estamos creciendo”, esbozaría Carolina Redondo. Justamente ahí se encuentra el nudo gordiano para un país que, siendo la séptima economía de la región, tiene indicadores económicos y sociales incompatibles con una nación de ingreso medio alto y un promedio por debajo de los 33 países que nos conforman.
En nuestro país solo uno de cada 10 jóvenes del Quintil 1 (20% más pobre) logra ingresar a la universidad. 12% de esos, 1% termina. En cambio, de los que corresponden al Cuarto y Quinto Quintil de ingresos más altos: entre el 46 y el 52%, llega a las universidades. En nuestra formación social solo un 40% del Quintil 1 logra terminar el bachillerato. En el Quintil 5 el 80%. 6 de cada 10 no completan la secundaria del Quintil 1, del Quintil 2 solo 2 de cada 10 termina ese importante logro.
La inversión en salud como porcentaje del PIB es desgarrador (1.9%) a lo largo de dos décadas. En la región el promedio es de 4% del PIB. El gasto en protección social oscila entre un 8.6 a 8.7% del PIB, mientras en la región se encuentra en 11% promedio. ¿Cuáles son los siete países que más invierten en salud?
Veamos el ranking:
- Cuba 10% a 11%.
- El Salvador 10.13%.
- Argentina 10.04%.
- Chile 10.5%.
- Brasil 9.00%
- Nicaragua 8.95%.
- Honduras 2.46%.
¿Cuáles son los países en el ranking de la región con mayor mortalidad infantil? Observemos el ranking:
- Haití 42.6/1000.
- Dominica 10.7/1000 nacidos.
- República Dominicana 15.92/1000
- Guyana 23.7.
- Bolivia 20.
¿Cuáles son los siete países de AMLC con la menor tasa de mortalidad infantil, esto es TMI? A saber:
- Cuba 9.9 (En el 2018: 4).
- Argentina 7.
- Chile 5.8.
- Bahamas 4.98.
- Uruguay 6.3
- Costa Rica 8.17.
- Barbados 7.
Ahora veamos los países con mayor mortalidad materna y los de menor mortalidad materna:
| Mayor mortalidad materna | Cantidad | Menor mortalidad materna | Cantidad |
| Haití | 328/100,000 | Chile | 10 |
| Venezuela | 227 | Uruguay | 15 |
| Bahamas | 146 | Costa Rica | 22 |
| Jamaica | 130 | Barbados | 27 |
| República Dominicana | 107 | Granada | 27 |
| Guyana | 75 | Argentina | 30 |
| Cuba | 39 |
Conviene resaltar que la tasa promedio de mortalidad infantil en la región es de 13.5 y la de mortalidad materna 77. En ambos indicadores nos encontramos como país por encima del promedio en términos negativos. Rankings deprimentes que nos causan tristeza y dolor, ver que, de cada 10 muertes de mortalidad materna, entre 8 y 9, son evitables. Somos una sociedad donde la elite política, en la configuración de políticas públicas, ha sido, en los últimos 30 años, inmensamente aporofóbica. ¿Cómo se expresa? Con políticas que amplían las brechas socioeconómicas. El 98% de las mujeres que mueren en el embarazo, parto y posparto, son pobres y vulnerables, esto es, corresponden a los dos primeros quintiles de ingresos del ¨Banco Central, que vienen a conformar el 45 y 50% de la población. Lo mismo ocurre con la mortalidad infantil.
En educación hemos mejorado en la cobertura. Veamos:
- Nivel Primario 95.20%.
- Nivel Secundario 71.60%.
- Nivel Inicial 61.30%.
A la sociedad entera le conviene empujar el carro hacia una mayor calidad de la educación, asumir esto con pasión, con amor, sobre todo el empresariado que llegará un momento en que no tendrá el capital humano necesario y con los perfiles necesarios y con el gran potencial de la bomba social. Mientras menos niveles de educación hay en una sociedad, más proclive es a tomar decisiones fuera del marco normativo establecido.
Qué nos dice Carolina Redondo del Banco Mundial en su interesante conferencia, cuando aborda “Brechas: en empleo, educación e informalidad”:
- El 54.4% del empleo se encuentra en el sector informal.
- El 52.3% de los trabajadores tiene bajos niveles educativos.
- Cerca del 45% de los jóvenes entre 15 y 24 años necesitarán incorporarse al mercado laboral.
- Solo el 59% de esos jóvenes tendrían las capacidades necesarias para insertarse laboralmente.
- El restante 41% corre el riesgo de integrarse al grupo de jóvenes que ni estudian ni trabajan.
Según el Ministerio de Economía, Planificación y Desarrollo (2024) el 65% de los empleos en Dominicana no son de calidad. Aquí resalta algo muy paradojal, un contraste espeluznante: mientras adolecemos de un capital humano que responda a la demanda del mercado laboral y a las nuevas dinámicas de la sociedad digital, entre el 2000 y el 2023 la fuga de talento o fuga de cerebros o migración calificada, fue de 12%. Actualmente se ubica en 6.7%. Esto es posible en un país donde no se valora al capital humano, vía su preparación, su formación, sus competencias. No se incentiva el peldaño del talento humano. En el sector público no atrae, esto es, el reclutamiento y selección del talento humano no se realiza por concursos y en el sector privado el modelo y la visión del empleador es del comienzo del Siglo XX. No han superado a F. Taylor, Henry Fayol, Max Weber, Elton Mayo y Douglas McGregor.
El modelo económico está basado en trabajos no calificados y en salarios muy pírricos. Hoy en día el salario promedio cotizable en el sector formal se encuentra en RD$38,733.00, donde en las empresas grandes se paga promedio entre RD$39,514.00 y RD$$43,067.00. En las empresas medianas oscila el promedio salarial entre RD$29,000.00 a RD$32,000.00; y en las micro y pequeñas empresas de RD$16,993.00 a RD$18,421.00. Esto no es el salario mínimo de esos sectores, pues ahí, cerrarse los ojos y los oídos es el escape más brumoso.
En el sector del mercado laboral informal el drama social es más aterrador: el salario promedio se encuentra entre RD$25,000.00 y RD$28,000.00, esto es, 30% menos que en el mercado formal. El Banco Mundial, a través de Carolina Redondo, señaló “De los 118,631 nuevos ocupados incorporados al mercado laboral en los últimos doce meses, 98,127 corresponden a empleos informales, mientras que apenas 20,504 fueron puestos formales. En otras palabras, ocho de cada 10 nuevos trabajadores quedaron fuera de esquemas como la seguridad social, los sistemas de pensiones y otras garantías laborales”. En nuestra sociedad el 73% de los jóvenes entre 15 y 18 años solo encuentra trabajo en el mercado informal.
T. S. Eliot dijo una vez “Solo quienes se arriesgan a ir demasiado lejos descubren cuán lejos se puede llegar”. Cuando el liderazgo nuestro, en la temporalidad de los tres tiempos (pasado, presente y futuro), solo atina a mirar y comparar el pasado con el presente, no nos ayudan, pues esa sociedad de seguro no encontrará el futuro con esperanza, de manera halagüeña. Como decía Joel Barker “Con el pasado no podemos hacer nada, si somos inteligentes debemos de aprender de él, el presente es solo un instante en la dinámica de la vida societal, es en lo que está por suceder, el futuro, donde se encuentran nuestras posibilidades”.
Todos estos datos, como los del BID y el Banco Mundial, son fruto y expresión de cuatro personas que han dirigido el Poder Ejecutivo: Hipólito Mejía, Leonel Fernández, Danilo Medina y Luis Abinader. La historia contemporánea nos dice del largo transcurrir de tres décadas, con luces y con sombras. Esas sombras están ahí y como experiencia del pasado no podemos recurrir a ello. El ser humano es un producto social y el entorno de ayer configuró sus cerebros, difícil de desconfigurar para reimaginar el futuro. ¡No pueden fraguar una praxis política diferente que exprese mayores grados y niveles de fortalecimiento institucional, que opera como eje transversal para la instrumentalización de una mayor y mejor gobernabilidad y gobernanza!
En el Índice Global de Competitividad, de los diez países de la región, nosotros no estamos. Ello hace muy difícil para los próximos 3 a 5 años que salgamos de la trampa de la renta media alta y que el reto de ser un país de grado de inversión sea factible para el próximo año, pues, actualmente, nos encontramos en el borde de la trampa de la deuda, esto es, tomar prestado, endeudarnos, parta pagar deuda y gastos corrientes. Ello nos impide una alta competitividad como un círculo vicioso, a más pago de intereses de la deuda menos inversión en capital humano (salud, agua potable), en infraestructuras. Nathalie Alvarado, del BID, lo estableció muy bien en su conferencia “Los países que lograron superar esa barrera (Trampa de ingreso medio), apostaron por productividad, innovación y talento. República Dominicana se encuentra hoy en una posición donde puede dar ese salto”.
Los tres grandes desafíos del BID para República Dominicana son:
- Superar la trampa de ingreso medio (mediante mayores niveles de productividad, innovación y formación de capital humano).
- Reducir la concentración territorial. El 11% del territorio tiene el 50% de las inversiones.
- Desarrollar el talento humano.
¿Por qué requerimos de nuevos líderes y dejar atrás la pésima modorra de la tautología que nos hace creer que leyendo un periódico de ayer es como si fuera en los factores estructurales el alcance de hace 26 años? Decía Richard Teelenk “Como líder su principal tarea consiste en crear un entorno operativo en el que los otros puedan hacer grandes cosas”. Un líder, en esencia, debe generar y crear confianza. No generador de catástrofes allí donde no las hay. Confiar e inspirar a partir de la ejemplaridad, de la referencia social que concita a partir de su ejercicio, de sus cuatro roles existenciales (rol de familia, rol de pareja, rol social y rol ocupacional)
Mi generación fue visceralmente tolerante frente a la corrupción y creó una anomia institucional. Crearon instituciones y normas que en la praxis desmembraron sin piedad ni perdón. Crearon una sociedad enferma. Líder en la región en el fraude social, en la “búsqueda del bajadero”, en el manto cruel de la impunidad. Muy pocos, por no decir ningún funcionario fue conducido a la justicia entre el 2005 y 2020, donde se diseñó la más férrea y fiera captura del Estado.
Friedrich Nietzsche señaló una vez “Esto he hecho, dice mi memoria. Esto no puedo haberlo hecho, dice mi orgullo, y permanece inconmovible. Finalmente, es la memoria la que cede”. Buscamos coherencia, confianza, credibilidad, la reputación hilvanada en un hacer que sea la introspección de las convicciones, que no exprese la subjetividad del manto de su deseo, de su necesidad, en el aura bipolar de los trastornos.
Porque, al final, en política, con compromiso y responsabilidad, lo personal no existe y si ocurre es porque está alineada a la agenda de una sociedad que es la que nos abre la puerta de la historia. Robert Spaenan nos rubricaría esta frase “El mayor obstáculo, cuando se trata de juzgar objetivamente lo que tenemos que hacer, reside en la falta de disposición para poner entre paréntesis nuestros propios intereses”.






